Sé quién soy: nada, nadie.
En un mundo que valora la personalidad, prefiero
dedicarme al amor
de ese que acaricia en la noche,
que en la mañana desayuna contigo en la cama,
de ese que se marchita con el uso,
de ese que, con el uso, resucita.
En un mundo que cuestiona
que cada uno sea sólo eso, perfiero
mantenerme en la orilla, de mi lado
viviendo lo que creo.
Hacer de mí mi realidad, y del mundo un escenario.
Sé quién soy: nada, nadie.
Lo que siempre he querido ser
se mantiene flotando sobre el mundo,
pues nada hay que contamine más
que la mentalidad mediocre de querer
ser y hacer
como hacen los demás.
Sé quién soy: yo mismo, sin conservadores añadidos.
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