Tuesday, May 3, 2011

Construir

Mi padre es albañil, no lo he visto vestir de azul y blanco, como el nombre lo indica, en sus horas de trabajo. Pero sí lo he visto construir paredes, hacer hoyos, levantar castillos, casas y techumbres para quienes lo contratan.

También he presenciado que, al final del día, recoge con cuidado sus herramientas, las lava y las guarda. Después, toma una escoba y barre las sobras de mezcla y polvo que han quedado, fruto de la propia obra. 

Fui con él a trabajar algunas veces, a escarbar zanjas, a traerle los ladrillos y remojarlos antes de agregarlos al muro en construcción. Recuerdo que, en días como este, celebramos que hubiera trabajo para él, poniendo una cruz con flores en la parte más alta de la construcción.


La casa donde vivíamos todos nosotros la construyó él. Ocho de nosotros, perros, gatos, esposa, mi abuela cuando estuvo enferma y hasta que falleció... La vida revoloteando por todo alrededor. Hasta ahora sé que tiene silencio y tiempo para pensar. Hasta ahora sé que se da cuenta del desperdicio de tiempo, de la oportunidad de hacer lo que se pudo lograr con tanto y con tan poco.


Gracias, papá, por ayudarnos a construir mejores personas de cada uno de nosotros.
Gracias, papá, por dejarnos ser las personas que siempre quisimos ser.
Gracias, papá, por liberarnos en este mundo.
Y felicidades por ser un albañil, en la gran obra de dios.

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