Sé quién soy: nada, nadie.
En un mundo que valora la personalidad, prefiero
dedicarme al amor
de ese que acaricia en la noche,
que en la mañana desayuna contigo en la cama,
de ese que se marchita con el uso,
de ese que, con el uso, resucita.
En un mundo que cuestiona
que cada uno sea sólo eso, perfiero
mantenerme en la orilla, de mi lado
viviendo lo que creo.
Hacer de mí mi realidad, y del mundo un escenario.
Sé quién soy: nada, nadie.
Lo que siempre he querido ser
se mantiene flotando sobre el mundo,
pues nada hay que contamine más
que la mentalidad mediocre de querer
ser y hacer
como hacen los demás.
Sé quién soy: yo mismo, sin conservadores añadidos.
Tuesday, April 26, 2011
Tuesday, April 19, 2011
Canto
Cuando levanto la voz
levanto sombras de tu mente.
Cuando brilla en mí esta fe
mi voz se desliza sobre el viento.
El calor de mi aliento te acaricia
en el susurro nocturno de la brisa.
Cuando canto, dejo de creer en lo que creo
y comienzo a vivirlo.
levanto sombras de tu mente.
Cuando brilla en mí esta fe
mi voz se desliza sobre el viento.
El calor de mi aliento te acaricia
en el susurro nocturno de la brisa.
Cuando canto, dejo de creer en lo que creo
y comienzo a vivirlo.
Tuesday, April 12, 2011
Pienso en ti
No vayas a creer de más lo que te digo hoy, que piense en ti no es logro tuyo, es afición mía. Cada mañana, mi oración traspasa el universo, con su canto claro y su intención precisa: que tengamos paz en el amor de dios, que tengamos felicidad en el conocimiento de dios, que nuestra única lucha sea la amorosa, física, sudorosa. Todo lo demás no me interesa.
Cada afán es su propia satisfacción, cada trabajo, cada logro. No hay más allá. Pero para el amor de dios, la eternidad es un instante: simplemente es, siempre, pleno.
Yo pienso en ti, por costumbre, porque me dediqué a orar por ti por muchos días. Y sigo haciéndolo, por costumbre, como cuando me hago conciente de las necesidades de oración de mi vecino, de mis hijos, de mis hermanos. La ayuda divina nunca está de más, nunca está ausente aún si no la percibimos.
Pienso en ti, oro por ti, pienso, te repienso. Sé feliz.
Thursday, April 7, 2011
Puros cuentos
Yo te cantaba al oído
y tú reías, jacarandosa.
Yo te decía: bonita
pones mi alma de color rosa.
No sé muy bien si creías
con ansiedad lo que te decía
o sólo bebías mis palabras
por tener algo que contarte sola.
Una roja caperuza, así le decían,
corría y corría sola, por el sendero del bosque,
el lobo, que era muy bueno siendo lobo,
se adentró en sus pensamientos más profundos
y dedujo, como buen lobo,
que la maldad innata en la criatura
la haría hacer de todo lo que las criaturas malas hacen;
razón o no, el lobo tenía un plan
y, como casi todos los que un plan tienen,
logro acercarse a la pequeña
que era fuego, de verdad, muy apasionada.
Si el cuento termina mal
no me echen a mí la culpa
yo no puse las pasiones ni en el lobo, ni en la niña,
cada quien según lo suyo,
cada quien, claro que sí,
deja ir sus emociones y sentimientos
y sensaciones
y se permite hacer, decir, dejarse hacer.
Yo no soy, yo no fui,
bueno, es que ni siquiera estaba ahí.
y tú reías, jacarandosa.
Yo te decía: bonita
pones mi alma de color rosa.
No sé muy bien si creías
con ansiedad lo que te decía
o sólo bebías mis palabras
por tener algo que contarte sola.
Una roja caperuza, así le decían,
corría y corría sola, por el sendero del bosque,
el lobo, que era muy bueno siendo lobo,
se adentró en sus pensamientos más profundos
y dedujo, como buen lobo,
que la maldad innata en la criatura
la haría hacer de todo lo que las criaturas malas hacen;
razón o no, el lobo tenía un plan
y, como casi todos los que un plan tienen,
logro acercarse a la pequeña
que era fuego, de verdad, muy apasionada.
Si el cuento termina mal
no me echen a mí la culpa
yo no puse las pasiones ni en el lobo, ni en la niña,
cada quien según lo suyo,
cada quien, claro que sí,
deja ir sus emociones y sentimientos
y sensaciones
y se permite hacer, decir, dejarse hacer.
Yo no soy, yo no fui,
bueno, es que ni siquiera estaba ahí.
Tuesday, April 5, 2011
Estamos bien
El mundo se cae alrededor. El agua se acaba. La inseguridad nos rodea. Se me rompió una uña hoy al intentar tocar el Gran Vals Brillante de Chopin. ¿Y qué, se acabará todo por eso?
Estamos bien. Sólo que nos habíamos acostumbrado a la comodidad de la comida diaria, el retorno a casa y el sueldo seguro. Llegamos a pensar que la vida estaba asegurada, nuestras casas, nuestra salud, la señal del interné. Pero resulta que no es así, hemos sabido que la única certeza es la muerte y nuestro entorno cultural se ha dedicado a negarlo, exaltando la juventud, la belleza, la riqueza y el poder como la única forma de vivir feliz y pleno.
La verdad es que nos aterra la vida, sus cambios, su permanencia a pesar de todo. La verdad es que no dejamos de ser el hombre en la caverna que vive de ilusiones y sombras. La verdad es que no hemos madurado.
Queremos estandarizar la vida, como si para todos la democracia, el cristianismo, la heterosexualidad y el café descafeinado fueran la felicidad. Queremos que todos crean y quieran lo que creemos y queremos. Por eso inventamos las luchas.
Hay luchas que llamamos trabajo, luchas que llamamos cruzadas, luchas que llamamos discusiones, luchas que llamamos guerra. Y todo lo justificamos en nombre de la ley, la justicia, dios, la razón, el desarrollo de la raza humana. Decía mi abuela y repito yo, 'Cuando un hombre quiere pelear, siempre encuentra un motivo.' Y estoy de acuerdo en luchar.
La paz y el amor requieren de una lucha constante contra la naturaleza salvaje del hombre -y de la mujer, no se sientan excluídas- una pelea conciente y decidida por ser mejor y crear un mejor ambiente para convivir. Que no sea deseable para todos provoca una lucha, al menos interior. Que no todos crean en dios provoca una lucha. Que no todos... etcétera.
Por eso, hoy, dedico mi oración a quienes deciden crear la paz y hacer el amor.
Amado padre celestial, te agradezco la diversidad del universo y de la mente humana, esa que alcanza la conciencia de sí misma y de tu mano invisible, esa que espera sin cuestionar ni dudar. Te agradezco, padre, que tu ley sea generosa y sabia, que se aplique con rigor a los que la conocen. Te agradezco que sé que eres mi padre y puedo levantar la frente con orgullo porque sé que provengo de ti. Te agradezco porque eres uno y sólo creaste a uno de cada uno de nosotros, así aprendemos a reconocernos como iguales en la diversidad, en la unicidad, en ti.
Te pido que nos ayudes a recordar nuestra fraternidad, sobre todo cuando nuestra humana debilidad nos ciega a tu amor, a tu sabiduría y a la misericordia, en nombre de Jesús, el Cristo. Amén.
Estamos bien. Sólo que nos habíamos acostumbrado a la comodidad de la comida diaria, el retorno a casa y el sueldo seguro. Llegamos a pensar que la vida estaba asegurada, nuestras casas, nuestra salud, la señal del interné. Pero resulta que no es así, hemos sabido que la única certeza es la muerte y nuestro entorno cultural se ha dedicado a negarlo, exaltando la juventud, la belleza, la riqueza y el poder como la única forma de vivir feliz y pleno.
La verdad es que nos aterra la vida, sus cambios, su permanencia a pesar de todo. La verdad es que no dejamos de ser el hombre en la caverna que vive de ilusiones y sombras. La verdad es que no hemos madurado.
Queremos estandarizar la vida, como si para todos la democracia, el cristianismo, la heterosexualidad y el café descafeinado fueran la felicidad. Queremos que todos crean y quieran lo que creemos y queremos. Por eso inventamos las luchas.
Hay luchas que llamamos trabajo, luchas que llamamos cruzadas, luchas que llamamos discusiones, luchas que llamamos guerra. Y todo lo justificamos en nombre de la ley, la justicia, dios, la razón, el desarrollo de la raza humana. Decía mi abuela y repito yo, 'Cuando un hombre quiere pelear, siempre encuentra un motivo.' Y estoy de acuerdo en luchar.
La paz y el amor requieren de una lucha constante contra la naturaleza salvaje del hombre -y de la mujer, no se sientan excluídas- una pelea conciente y decidida por ser mejor y crear un mejor ambiente para convivir. Que no sea deseable para todos provoca una lucha, al menos interior. Que no todos crean en dios provoca una lucha. Que no todos... etcétera.
Por eso, hoy, dedico mi oración a quienes deciden crear la paz y hacer el amor.
Amado padre celestial, te agradezco la diversidad del universo y de la mente humana, esa que alcanza la conciencia de sí misma y de tu mano invisible, esa que espera sin cuestionar ni dudar. Te agradezco, padre, que tu ley sea generosa y sabia, que se aplique con rigor a los que la conocen. Te agradezco que sé que eres mi padre y puedo levantar la frente con orgullo porque sé que provengo de ti. Te agradezco porque eres uno y sólo creaste a uno de cada uno de nosotros, así aprendemos a reconocernos como iguales en la diversidad, en la unicidad, en ti.
Te pido que nos ayudes a recordar nuestra fraternidad, sobre todo cuando nuestra humana debilidad nos ciega a tu amor, a tu sabiduría y a la misericordia, en nombre de Jesús, el Cristo. Amén.
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