Yo creía que los besos se daban, así, como se da el día, el amanecer, la oscuridad cómplice de otras caricias más profundas. Pero resulta que no, se te escapan del pensamiento, de la boca y van a parar en objetos amados, apreciados, al menos deseados.
Un beso. Como una mariposa, se escapa de pronto tan luego y nace. Como una idea, crece en el pensamiento, se llena de sentimiento y rebosa de dulzura, furia, intenso morbo y lujuria.
Envidia de ti es besarte, llenarme de tu sabor por completo en un minúsculo roce de labios. Ganas de tu respiración agitada con la mía. De tu mirada -extrañada, emocionada, inquieta- del contacto con tu cuerpo.
Yo creía, con inocencia, que los besos eran como los niños, nacían de un querer de dos. Yo sí quiero, sólo es cuestión de esperar la pareja de este par de labios.
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