Hoy he encontrado viejos amigos en Facebook. Cosa que no hubiera ocurrido el día que dejamos de vernos. Hemos encontrado maneras de recordarnos lo que solíamos ser y hacer y de agradecernos mutuamente la infausta influencia de nuestras respectivas personas.
Hoy, me he dado cuenta de que, como adultescente, me falta mucho por disfrutar y mucho por hacer con mayor conciencia. Pero, en fin, el agua a'i tá, cuestión de brincarle.
Disfruto, y mucho, los días y las noches con mis amores y con mis actividades, físicas y vigorosas, unas; otras, más relajantes. Pero el puro y el café no los abandono, y la tortilla de harina con sus fajitas humeantes recién salidas de la parrilla. Extraño a mi abuela. Extraño algunos besos y abrazos que hace mucho no recibo. Leo mucho, más de lo que de niño pensara que era posible leer. Recuerdo que admiraba mucho a Nacho, mi hermano mayor, por la cantidad de palabras que leía en los libros. A mi hermano Julio, por su habilidad para resolver problemas sin dudar. A mi hermano el Mono, por ser así como es. A mi hermano el Fran, por testarudo y claro consigo mismo. Y yo, del otro lado de todas esas escalas, riéndome de lo lindo con la alegría de la vida; con descaro, también, de lo cínico que he podido volverme para poder seguir con mi loca cordura de pretender llegar a donde voy por un camino con corazón.
Mi camino es mío, único, indivisible. Lo comparto con quien camina conmigo, junto a mí, en su propio camino, hacia sus propias metas. Pero mi camino es mío, con mis sueños, mis proyecciones y mis deseos perfectamente dibujados. Si vienes conmigo, te espera un precipicio.
Hoy he encontrado en mí todo un huracán de ser y hacer, con mucho, mucho, mucho corazón.
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