Tuesday, March 22, 2011

Quedito y al oído

Para llegar a ti, que te preciso en este instante, quisiera gritar, hacerte saber que no hay nada que desee más, en este preciso instante, que un abrazo tuyo. Para curar esta ausencia de ti que me mata con silencio. Para amainar la tempestad de tu desprecio sin sentido, sin conciencia, sin daño alguno. Tú que no sabes que te quiero y que te sabes tan ajena, tan lejana, tan sin mí.

Para llegar a ti, que te preciso hoy, precisamente, necesito, de todas las palabras y las frases: las que por sinceras, conmueven el alma al beso; las que, por decentes, provocan a ponerse del mismo lado; las que, por beligerantes, provocan respuestas airadas y apasionadas; las que, por ardientes, provocan un rubor, una cachetada o un deseo igual de intenso.

Preciso de tu abrazo. Ése, el único e íntimo. Ése, en el que todos los sentidos se abren y todas las respiraciones se confunden. Preciso de tu abrazo. Ése, en el que las pupilas se dilatan y la muerte es sólo una sensación más de placer, confundida en la caricia.

Te preciso. Te convoco. Te espero.

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