Nuestro amoroso padre celestial nos dio conciencia para ser, para hacer, para dar y darnos mutuamente. Nos dio la vista y una sensibilidad única para encontrarnos con alguien especial que hace nuestra vida feliz. Llegar a percibir la necesidad de los demás requiere de información y la percepción adecuada.
Es tal vez sólo una idea, pero todos sabemos de la necesidad que tienen los mexicanos en Chiapas, Tabasco y Veracruz. Hoy a medio día, la Cruz Roja informaba que aún no recibía donativo alguno para los damnificados en esos Estados. Me dio un poco de tristeza.
Más tarde leí una fábula de Esopo. Los corderos pacían tranquilamente, llegó el lobo y se comió a uno, los demás no hicieron nada. Pasó algo horrible, pero como no fue a mí, no es necesario hacer nada. Así siguió el lobo hasta que terminó con todos.
Una propuesta de acción es que reunamos dinero, lo entreguemos en nuestra congregación y que, la representación más cercana al lugar donde se requiere, compre las mercancías necesarias para esta ayuda que tanto se requiere: leche en polvo, agua embotellada, toallas femeninas, comida enlatada, abrelatas, medicamentos para el dolor, antibióticos, ropa para todas las edades.
Coméntenlo con sus pastores, sacerdotes y obispos. La cristiandad mexicana puede hacer mucho por estos prójimos hermanos en Cristo. Es más eficiente enviar dinero y que se adquieran estos bienes más cerca de donde se requieren, para no gastar en su transporte ni perder el tiempo en eso. También es importante hacer el donativo un solo día, de modo que se reúna la mayor cantidad de recursos para emplearlos a la brevedad ¿qué tal este domingo?
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