Sunday, June 27, 2010

De políticas y proyectos

Estoy harto de la gente y sus actividades sosas. Está bien, ya lo dije, ya debería estar relajado. Pero no. Estoy tan encabronado que me parece injusto esta emoción para con todos los que me rodean, pero es inevitable. La razón es que, al parecer, todo lo que de niño había creído es falso: no existe la democracia universitaria, ni en el Instituto en el que trabajo, la gente no se gana los puestos por el excelente trabajo que realiza y, lo peor: no e-xis-te San-ta. ¡Qué impresión!

No es sólo la injusticia de romperme las ilusiones infantiles, sino que exista la posibilidad de que, por una amistad personal, haya personas con los arrestos para solicitar puestos de trabajo para los cuales no están calificados, olvidando los estudios o disciplina a que dediquen sus esfuerzos, sino a la calidad personal que demuestran en el trato con el hijo de vecina que es el subordinado.

Si, a final de cuentas, todos somos "chachas" ¿por qué no servir con la dignidad propia del puesto? después de todo sic transit gloriae mundi ¿o no?.

Por mi parte, que es por la única que puedo hablar con certeza y con seguridad de que no me llamen para regañarme, objeto categóricamente la imposición de actividades, autoridades y otras potestades en mi vida, rebeldía que me ha costado años de trabajo e ingenio mantener y que no cede ante nadie sin una buena dosis de razonamiento y negociación -nunca rechazo la oportunidad de un buen encuentro verbal-

Así, para vacunarnos en salud, diré que me interesa más trabajar en el proyecto de melón que en el de sandía, por supuesto, pero que el trabajo es trabajo y mientras pueda seguir predicando el amor a la música, lo haré desde cualquier trinchera, a fin de cuentas a los jefes nunca se les educa, sino a los alumnos.

Para cerrar, la frase de mí mismo inmortal: Si pierdes el suelo buscando un puesto alto, el golpe de la caída será grande. Si pierdes la oportunidad de un puesto alto por mantener los pies en la tierra, tu amargura crecerá hasta el infinito. Si alcanzas a sentir el fuego divino en tu interior, no importará ni lo uno, ni lo otro: vivirás constantemente en las estrellas.

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