¿Qué pasión no inicia en los ojos,
en una visión directa o imaginaria,
en un jugar constante
de sensaciones perseguidas
o del recuerdo de otras sensaciones?
¿Qué historia no inicia
frente a una página en blanco
que es todo un sueño plano de llevar
el fuego, el dolor, la pasión o la tristeza?
¿Qué sucede en el mundo que no sea
un empujar y ceder,
un huir y perseguir,
un alcanzar y rendirse?
Todo es recibir por darse;
permanecer al extinguirse;
en perecer, eternizarse.
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