Tuesday, March 30, 2010

Vacaciones y Trabajo

Los días de descanso nos dan mucho qué pensar. Al inicio nos tomamos licencia para dormir, dar lugar a la pereza y echar la imaginación a volar. Tal vez pensemos en algún proyecto por realizar casa, interior o exterior. Tal vez esta vez sí demos una buena aspirada al interior del auto e incluso apliquemos una limpieza rigurosa al tablero del mismo. Cuánta complicación.

El balón de futbol, arrinconado en el patio, teme que recordemos que anda por ahí y que inicien de nuevo las patadas. Mucho deporte por hacer, mucho qué mejorar en la vida personal... ¡El Templo! pues para eso son los días santos. Pero ya casi es domingo y no había pensado en eso. Con velocidad, preparamos la salida religiosa, pero, pensando en el bebé y las aglomeraciones de gente, es preferible ni acercarse a tanto tumulto... ¿qué hacer?

El pensamiento vuelve al trabajo, a lo que normalmente somos capaces de realizar con rutinas bien establecidas: horarios de entrada, salida, descanso; distribución de tiempos y formas; convivencia superficial con los compañeros y dejar el pensamiento profundo para la mancha en el piso del baño, la reparación menor que debe hacerse en la plomería, la pintura de la sala, las nimiedades cotidianas.

En definitiva, la mente humana es una maraña incomprensible.

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